La elección de la Comisión Europea de integrar a Portugal en las nuevas denominadas "autopistas de la energía" es, sin exagerar, una de las noticias más importantes para la economía portuguesa en los últimos años. No sólo por la inversión que supone, sino también por el posicionamiento estratégico que se le reconoce en el nuevo sistema energético europeo.

Estamos hablando de dos infraestructuras críticas. Las nuevas interconexiones eléctricas a través de los Pirineos, que por fin conectarán sólidamente la Península Ibérica con el resto de Europa. Y, quizá aún más decisivo, el corredor del hidrógeno que conectará Portugal con Alemania, atravesando España y Francia. Un verdadero eje energético europeo en el que Portugal deja de estar en la periferia y pasa a estar en el origen.

Hace años que se habla del potencial del hidrógeno verde en Portugal. Se han anunciado proyectos, se han planificado clusters, se han preparado solicitudes al PRR. Muchos estaban expectantes, algunos se ralentizaron, otros esperaron señales claras de Europa. Esa señal ha llegado ahora. Y ha llegado con el máximo estatus. Proyecto de Interés Común Europeo, con prioridad política, apoyo institucional y acceso directo a la financiación de la UE.

Esto lo cambia todo.

Portugal deja de ser un simple productor de electricidad renovable para convertirse en un proveedor estratégico de energía descarbonizada para Europa central. Con sol, viento, capacidad instalada, estabilidad política y ahora conexiones físicas garantizadas, el país pasa a formar parte de la columna vertebral de la nueva seguridad energética europea.

El apagón vivido en la Península Ibérica hace unos meses sirvió de advertencia. Nuestra tasa de interconexión con el resto de la Unión Europea sigue por debajo del 3%. El objetivo es alcanzar el 15% en 2030. Estas nuevas interconexiones son la respuesta directa a esta fragilidad. Más conexiones significan más resiliencia, menos riesgos, menos dependencia de los combustibles fósiles y menores costes energéticos para empresas y hogares.

Pero aquí hay algo aún más profundo. Esta decisión de la Comisión Europea legitima definitivamente el papel de Portugal como exportador de energía verde. Ya no hablamos sólo de consumir renovables, hablamos de producir para abastecer a la industria europea, en particular a Alemania, que necesita desesperadamente energías limpias para no perder competitividad.

Este corredor del hidrógeno es, en la práctica, un nuevo gasoducto verde. Un gasoducto del futuro.

Y este paso puede reactivar ahora muchos de los proyectos que estaban en suspenso. Centros de producción de hidrógeno, polos industriales, inversiones en electrolizadores, agrupaciones logísticas y portuarias. Con una autopista de la energía a las puertas, todo esto vuelve a tener un verdadero sentido económico.

La Comisión Europea ya ha dejado claro que estos proyectos contarán con licencias aceleradas, mayor coordinación política y financiación a través del Mecanismo "Conectar Europa", que ya ha invertido miles de millones y contará con casi 30.000 millones en el próximo marco financiero. No se trata de vagas promesas. Se trata de dinero, plazos y prioridad política.

Para Portugal, esta decisión tiene un impacto directo en la industria, atrayendo inversiones extranjeras, creando empleo cualificado y reforzando la soberanía energética nacional. Pasamos de dependientes a proveedores. De consumidores a productores estratégicos.

Después de tantos años hablando de energía, tecnología, inversión extranjera, industria y transición energética, esta noticia confirma lo que vengo defendiendo. Portugal no es sólo un buen alumno de Europa. Portugal se está convirtiendo en un pilar energético de Europa.

Y cuando la energía cambia, la economía cambia con ella.