Cada fin de primavera y principios de verano, el paisaje urbano de Lisboa se transforma en un mar de vibrante color violeta, gracias a los jacarandás.

Importados originalmente de Sudamérica, concretamente de Argentina y Brasil, durante el siglo XIX, estos majestuosos árboles encontraron un segundo hogar perfecto en el clima mediterráneo de la ciudad.

Sus enormes flores en forma de trompeta brotan formando un brillante dosel púrpura justo antes de que aparezcan sus hojas verdes, bañando barrios enteros en un resplandor etéreo. Y ofreciendo uno de los mejores fondos para las fotos.

El epicentro absoluto de este espectáculo botánico se puede contemplar a lo largo de las amplias avenidas de la Avenida da Liberdade y en la bulliciosa plaza del Rossio, donde el dosel púrpura contrasta maravillosamente con las tradicionales calles de piedra caliza blanca.

A medida que las flores van cayendo, cubren los emblemáticos pavimentos de adoquines con un delicado manto violeta. El poder del color es impresionante. Estos árboles nos recuerdan que el color es imprescindible en la vida.