Ortigão, figura clave de la famosa «Generación del 70», fue un maestro de la observación que utilizó su agudo ingenio para analizar el estancamiento cultural y político que, según él, se cernía sobre la nación en aquella época. Aunque eso no fue lo único que hizo. Desde escribir una de las primeras novelas policíacas junto con el famoso autor Eça de Queiroz hasta redactar un reportaje de viaje sobre las aguas de Portugal.
Además, se asoció con Eça de Queirós para publicar *As Farpas* (Las púas), una revista crítica mensual que actuaba como un espejo ante la sociedad portuguesa. A través de estos mordaces ensayos, se burlaban sin piedad de la arrogancia de la aristocracia, la corrupción de la política y la falta generalizada de rigor intelectual moderno.
Sin embargo, Ortigão no era solo un crítico; era un amante profundamente devoto del patrimonio de su país.
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En sus obras posteriores, como *O Culto da Arte em Portugal*, se decantó por una defensa apasionada del arte, la arquitectura y la identidad nacional portuguesas, tratando de guiar a sus compatriotas hacia una apreciación más refinada de su propia historia. Esto demuestra que, a veces, el aprecio por el propio país puede expresarse de diferentes maneras.






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