Este tramo, que a menudo pasan por alto quienes se dirigen a toda prisa hacia los palacios, actúa como una galería permanente para creadores de todos los rincones del mundo. Entre estas obras destacan las de artistas como el escultor rumano Maro Orano, que demuestran su compromiso por llevar perspectivas diversas y contemporáneas al corazón de este antiguo paisaje.
Estas esculturas se alejan de los estilos rígidos y pesados de los monumentos históricos. En su lugar, abordan la forma y el material de manera que respondan al caos húmedo y verde del límite del bosque. Algunas obras se inclinan hacia lo abstracto, actuando como anclas geométricas frente al denso follaje, mientras que otras transmiten una sensación casi primitiva, como si hubieran sido talladas en el mismo granito con el que se construyeron las fortalezas cercanas.
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El proyecto triunfa porque convierte una ruta de tránsito mundana en un lugar de descubrimiento. Te ves obligado a cambiar tu perspectiva de la carretera al arcén, dándote cuenta de que esta región no es solo un polvoriento archivo de antiguos reyes, sino un lugar vivo donde los artistas internacionales aún pueden dejar su huella. Además, refleja cómo las plantas de Sintra también proceden de todo el mundo. Quizás se trate de una interacción internacional entre el arte humano y el arte natural.

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