Según estimaciones de la Cámara de Comercio e Industria de Ponta Delgada, el abandono de la aerolínea podría suponer una pérdida anual de hasta 165 millones de euros, incluyendo impactos directos e indirectos en el sector turístico.

Este escenario es especialmente alarmante para la región, ya que se traduce en una reducción prevista del 1,7% del Producto Interior Bruto (PIB) de las Azores para el año en curso, lo que pone en peligro la dinámica de crecimiento económico del archipiélago.

El impacto directo en las pernoctaciones es una de las principales preocupaciones de las empresas locales. Gualter Couto, presidente de la Cámara de Comercio, explica que la ausencia de la compañía de bajo coste podría suponer entre 340.000 y 390.000 pernoctaciones menos al año, sobre la base de una estancia media de 3,3 días por turista.

Con un gasto medio por visitante de 1036 euros, la caída inmediata de los ingresos turísticos oscilará entre 100 y 120 millones de euros, lo que afectará al comercio, la restauración y el alojamiento en general.

Los empresarios azorianos se muestran escépticos ante la posibilidad de que otras compañías, como SATA o TAP, puedan colmar esta laguna. Aunque el Gobierno regional apunta a un aumento de la oferta de las compañías de bandera, la experiencia pasada con la reducción de la base de Ryanair sugiere que la compensación rara vez es completa.

El sector privado también acusa al Gobierno regional de "falta de profesionalidad" en la conducción de las negociaciones, recordando que el turismo representa cerca del 20% de la riqueza generada en las Azores y es el principal empleador privado de la región, lo que exige una gestión estratégica que evite la pérdida de conectividad aérea esencial para la supervivencia del ecosistema económico de las islas.