Nació como Ezekiel Moreno y Díaz en Alfaro, España, el 9 de abril de 1848; ingresó en la Orden de los Agustinos Recoletos siendo aún joven y fue ordenado sacerdote en 1871. Su vocación pronto le llevó lejos de España: ejerció como misionero en Filipinas, donde pasó muchos años predicando, administrando los sacramentos y cuidando de las personas que le habían sido confiadas.
Tras regresar a España, fue enviado a Colombia, donde fue nombrado obispo y se dedicó a restaurar la vida de la Iglesia, fortalecer al clero, defender a los pobres y llevar el Evangelio a las comunidades dispersas por el campo.
San Ezequiel era conocido por su profunda caridad pastoral y por su especial compasión hacia los enfermos y los que sufrían. Cuando a él mismo le diagnosticaron cáncer, aceptó su sufrimiento.
Su vida reflejaba la vocación evangélica del pastor: proclamar fielmente a Cristo, servir a los necesitados y permanecer cerca del pueblo de Dios incluso en el sufrimiento.
Falleció el 19 de agosto de 1906 en Monteagudo, España.
Predicó en misiones lejanas, reestructuró comunidades en dificultades, cuidó de los enfermos y se mantuvo fiel cuando él mismo se vio afectado por la enfermedad.
La respuesta cristiana al sufrimiento no es, por tanto, la desesperación, sino la ofrenda, la confianza, la perseverancia y la caridad.









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