Investigadores de la Universidad NOVA de Lisboa y de la Universidad de Lisboa han estado estudiando si las rocas porosas situadas a gran profundidad podrían utilizarse para almacenar el excedente de electricidad renovable en forma de aire comprimido.

En el escenario más favorable que han simulado, un único yacimiento subterráneo podría almacenar hasta 1 TWh de energía, suficiente para cubrir casi el consumo de algunas ciudades portuguesas de tamaño medio.

La idea suena futurista, pero el almacenamiento de energía mediante aire comprimido existe en diversas formas desde la década de 1970. Lo que investiga el estudio portugués es cómo podría funcionar dentro de formaciones rocosas naturalmente porosas a una profundidad considerable.

¿Cómo funciona?

Cuando las turbinas eólicas o los paneles solares producen más electricidad de la que se necesita de inmediato, ese excedente de energía podría utilizarse para hacer funcionar compresores.

A continuación, el aire se inyectaría en un pozo, potencialmente a cientos o incluso miles de metros bajo tierra, hacia los minúsculos espacios que se encuentran de forma natural entre los granos de roca porosa.

Esos espacios suelen contener agua salada no apta para el consumo. El aire comprimido desplaza el agua y queda atrapado bajo tierra a presión.

Cuando se vuelve a necesitar electricidad, el proceso se invierte. El aire comprimido se devuelve hacia la superficie, donde su expansión puede accionar turbinas y generar electricidad. No es necesario quemar ningún combustible en el proceso.

Ricardo Pereira, investigador de GeoBioTec en la Facultad de Ciencia y Tecnología de NOVA, explicó a Euronews que el suelo podría utilizarse, en esencia, como una batería, con el potencial de almacenar suficiente energía para ayudar a abastecer a pequeñas localidades.

Los investigadores probaron diferentes condiciones geológicas y profundidades para determinar cuánta energía se podría almacenar teóricamente.

Su modelo más optimista arrojó una densidad energética de hasta 156 kWh por metro cúbico y una capacidad máxima de almacenamiento de alrededor de 1 TWh a una profundidad operativa de 3.000 metros. Pereira subrayó que esto representa un escenario óptimo y no lo que podría alcanzarse en todos los emplazamientos subterráneos.

Portugal podría tener la geología adecuada

Hay otra razón por la que esta investigación podría resultar especialmente interesante para Portugal.

Los científicos están estudiando ahora dónde podrían existir formaciones rocosas adecuadas, y la cuenca lusitana, que se extiende aproximadamente entre Lisboa y Aveiro, se ha revelado como una zona con un potencial considerable.

Además, esta cuenca abarca una de las regiones más industrializadas del país, donde la energía eólica, solar e hidroeléctrica ya se utilizan ampliamente.

Lisboa y Almada figuran entre las zonas destacadas por los investigadores como potencialmente interesantes debido a su población y actividad industrial.

El almacenamiento subterráneo también podría ayudar a la red eléctrica en caso de que se produzca alguna avería.

Los sistemas de aire comprimido pueden proporcionar lo que se conoce como un «arranque en negro», lo que permite iniciar la generación de electricidad sin necesidad de recurrir primero a la red eléctrica.

Pereira afirmó que dicha tecnología podría haber ayudado a gestionar algunas de las dificultades experimentadas durante el apagón ibérico de 2025, aunque se cuidó de subrayar que no habría supuesto una solución mágica para un corte de suministro de tal magnitud.

El mayor obstáculo podría ser la legislación

No hay que esperar que los depósitos de energía subterráneos aparezcan por todo Portugal de momento.

Pereira calcula que llevar un proyecto desde los estudios geológicos hasta la perforación, las pruebas y, finalmente, su puesta en marcha podría llevar entre cinco y diez años.

Además, existe un problema más inmediato. Según el investigador, Portugal carece actualmente de una legislación específica que permita este tipo de almacenamiento subterráneo de energía.

Dado que el subsuelo pertenece al Estado, las empresas no pueden simplemente empezar a desarrollar proyectos de almacenamiento subterráneo sin un marco normativo adecuado. Pereira explicó a Euronews que la falta de legislación impide actualmente a las empresas avanzar siquiera hasta la fase de estudios preliminares suficientemente detallados.

Por ahora, el trabajo portugués se centra en determinar qué podría ser posible, más que en anunciar un nuevo proyecto energético.

Pero si se logra identificar una geología adecuada y se resuelven las cuestiones normativas, parte de la electricidad generada en días especialmente soleados o ventosos podría almacenarse algún día en un lugar bastante inesperado: en las rocas situadas en las profundidades de Portugal.