Fue detenido a causa de su fe y, según la tradición, sobrevivió tras ser expuesto a las fieras y al fuego. Finalmente, él y sus compañeros fueron decapitados hacia el año 305.
La tradición cuenta que una mujer llamada Eusebia recogió parte de su sangre, que se conservó en ampollas de cristal.
La reliquia se conserva en la catedral de Nápoles, donde la gente suele reunirse en determinados días, entre ellos el 19 de septiembre, para presenciar la supuesta licuefacción de la sangre.
Su sangre nos recuerda el precio que pagó por su fe.









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