En el parque eólico de Barão de São João, cerca de Lagos, esto supone un reto especial para estas aves. ¿Cómo se puede generar electricidad renovable sin poner en peligro a las aves migratorias?
La respuesta, al parecer, puede ser sorprendentemente sencilla. Cuando las aves se acercan, las turbinas se detienen.
Un sistema de vigilancia que combina tecnología de radar con observadores humanos no registró ninguna muerte entre las aves en vuelo por colisiones con las turbinas durante cinco temporadas consecutivas de migración otoñal, a pesar de que cada año pasan por la zona unas 5.000 aves.
Los resultados, publicados originalmente por un equipo de investigadores dirigido por Ricardo Tomé, han vuelto a atraer recientemente la atención internacional.
El parque eólico se encuentra situado a lo largo de una de las rutas migratorias más importantes de Portugal, utilizada por más de 30 especies de aves planeadoras, incluidas las aves rapaces.
Estas aves suelen valerse de las corrientes ascendentes de aire cálido para recorrer largas distancias con relativamente poco esfuerzo. Sin embargo, sus trayectorias de vuelo las acercan peligrosamente a las palas giratorias de los aerogeneradores.
Los investigadores descubrieron que el 55 % de las aves planeadoras que cruzaban la zona volaban a altitudes asociadas a un alto riesgo de colisión.
Para protegerlas, el parque eólico ha implantado un sistema conocido como «Radar Assisted Shutdown on Demand» (parada asistida por radar bajo demanda).
Los observadores apostados alrededor del emplazamiento vigilan la llegada de aves, mientras que el radar ayuda a detectar movimientos a mayor distancia. Cuando migra un gran número de aves o se avistan especies especialmente vulnerables, las turbinas pueden apagarse temporalmente.
En lugar de detener la producción de electricidad durante toda la temporada migratoria, el sistema permite a los operadores actuar cuando el riesgo es mayor.
Uno de los hallazgos más interesantes fue lo poco que afectaron las paradas al funcionamiento del parque eólico.
Durante el primer año, las turbinas se detuvieron durante aproximadamente 105 horas. A medida que el equipo de seguimiento fue adquiriendo experiencia y, finalmente, obtuvo acceso directo al sistema de control de las turbinas, esa cifra se redujo a unas 15 horas al año.
A lo largo del estudio, los periodos de parada representaron tan solo entre el 0,2 % y el 1,2 % de las horas de funcionamiento anuales equivalentes del parque eólico.
Los resultados sugieren que una monitorización cuidadosa puede marcar una diferencia sustancial sin que los parques eólicos tengan que sacrificar grandes cantidades de generación eléctrica.
El proyecto del Algarve también ha llamado la atención de organizaciones conservacionistas internacionales.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico destacó los resultados portugueses en su investigación sobre energías renovables y biodiversidad, señalando la ausencia de muertes registradas de aves en vuelo planeado durante el periodo inicial de seguimiento de cinco años.
¿Podrían otros parques eólicos seguir este ejemplo?
El Algarve no es el único lugar donde este enfoque ha dado resultados prometedores.
Un estudio realizado en 20 parques eólicos de Cádiz, en el sur de España, reveló que la parada selectiva de los aerogeneradores redujo las muertes de aves planeadoras en aproximadamente un 62 %, mientras que las muertes de buitres leonados se redujeron en casi un 93 %.
La pérdida estimada de producción eléctrica fue inferior al 0,51 %.
Sin embargo, los resultados portugueses presentan importantes limitaciones.
El resultado de cinco años se aplica específicamente a las aves planeadoras, el grupo al que se dirigía el programa de seguimiento. Se siguió observando que otras especies de aves colisionaban con las turbinas.
El seguimiento a más largo plazo también registró dos muertes de aves planeadoras durante la primera década de funcionamiento del parque eólico, lo que significa que el resultado original de cinco años no debe interpretarse como una ausencia permanente de colisiones.
No obstante, la investigación ofrece un ejemplo práctico de cómo se pueden gestionar con mayor cuidado los proyectos de energía eólica en lugares sensibles desde el punto de vista medioambiental.
Para el Algarve, donde las aves migratorias forman parte del patrimonio natural de la región, la lección es especialmente relevante. La producción de energía más limpia y la protección de la fauna silvestre no tienen por qué ser siempre prioridades contrapuestas.









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