A los 12 años se casó con Enrique, príncipe de Silesia, y juntos tuvieron siete hijos. A pesar de su condición de noble, Eduviges llevaba una vida profundamente devota, practicando la penitencia y el ayuno incluso dentro de la corte. Era conocida por caminar descalza sobre el hielo y la nieve para asistir a la misa diaria. Cuando un sacerdote le regaló sus zapatos y más tarde le preguntó por qué seguía caminando descalza, ella reveló que los llevaba bajo el brazo, diciendo: "Siempre los llevo ahí".

Santa Eduvigis fue una incansable defensora de los pobres, las viudas y los huérfanos. Fundó varios hospitales para enfermos y leprosos y se aseguró de que nadie saliera de su presencia sin consuelo. En una ocasión, pasó diez semanas enseñando a una pobre mujer el Padre Nuestro.

Tras la muerte de su amado esposo, Eduviges respondió con una fe inquebrantable: "¿Te opondrías a la voluntad de Dios? Nuestras vidas son Suyas". Más tarde ingresó en el monasterio de Trebnitz, donde murió en 1243.