José Manuel Imbamba, arzobispo de Saurimo y presidente de la Conferencia Episcopal de Angola y Santo Tomé, presidió la peregrinación internacional de aniversario los días 12 y 13 de septiembre.
El encuentro, de dos días de duración, conmemoró la aparición de Nuestra Señora de Fátima a los tres pastorcitos en Cova da Iria, en septiembre de 1917.
Antes de viajar a Fátima, Imbamba calificó la invitación como un honor y afirmó que el encuentro ofrecía a los peregrinos de todo el mundo la oportunidad de renovar su fe. También se refirió a la violencia, la guerra y el auge del nacionalismo, y defendió que el mensaje de Fátima seguía siendo especialmente relevante en el contexto actual.
Un llamamiento al perdón
La tarde del 12 de septiembre, el arzobispo animó a los peregrinos a no tener miedo ni avergonzarse de vivir y expresar su fe. Tomando a María como ejemplo, habló del amor, la solidaridad y el servicio a los demás.
Su mensaje de la mañana del 13 de septiembre se centró más directamente en el perdón.
Durante la misa celebrada en la zona de oración del santuario, Imbamba advirtió sobre el daño que causa el resentimiento en el seno de las familias y en la sociedad, y pidió una mayor disposición al diálogo y a la reconciliación.
Explicó a los peregrinos que el perdón no era simplemente una emoción, sino una decisión, y argumentó que era necesario para superar el odio y el resentimiento.
La peregrinación de septiembre es uno de los principales encuentros anuales conmemorativos de Fátima, que celebra las apariciones relatadas por los pastorcitos entre mayo y octubre de 1917.
Imbamba, de 61 años, nació en Luena (Angola) y fue ordenado sacerdote en 1991. Posteriormente estudió en Roma, donde se doctoró en Filosofía con especialización en Antropología Filosófica en la Pontificia Universidad Urbaniana. Antes de convertirse en arzobispo de Saurimo, desempeñó diversos cargos eclesiásticos y académicos en Angola.
Su presencia en Fátima también aportó una voz africana a uno de los lugares católicos portugueses más reconocidos internacionalmente.
Para Imbamba, el carácter internacional de la peregrinación formaba parte de su importancia. Antes de las celebraciones, afirmó que la oración debía conducir a algo más allá del propio santuario, animando a los cristianos a llevar las ideas de paz, perdón y reconciliación de vuelta a sus propias comunidades.








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