Una de esas noticias es que 25 empresas nacionales están probando tecnologías y sistemas no tripulados con la Armada portuguesa, en el marco de REPMUS 2026. Sobre todo porque se trata de un ejercicio que reúne a más de 130 empresas de diversas nacionalidades, 36 armadas y más de 3.200 participantes, en un entorno en el que la industria, las fuerzas armadas, las universidades y las organizaciones internacionales trabajan codo con codo.
Resulta especialmente positivo ver en este grupo a empresas portuguesas como Tekever, Critical Software, Beyond Vision, UAVision, Optimal, OceanScan y muchas otras. Algunas son empresas sobre las que he estado escribiendo en los últimos años, precisamente porque representan a un Portugal que no siempre recibe la atención que se merece. Un Portugal tecnológico, industrial y altamente cualificado, capaz de desarrollar productos y soluciones que compiten en los mercados internacionales. No estamos hablando solo de empresas que prestan servicios desde Portugal. Estamos hablando de conocimiento, ingeniería y tecnología desarrollados en nuestro país y con potencial para venderse al mundo.
Es esta transformación la que considero especialmente importante para el futuro de la economía portuguesa. Durante demasiado tiempo hemos abordado la competitividad casi exclusivamente a través del coste laboral, el turismo, el sector inmobiliario o la capacidad de atraer inversión extranjera. Todo esto seguirá siendo importante, pero una economía desarrollada también necesita crear sus propias empresas capaces de generar propiedad intelectual, desarrollar tecnología y vender productos de alto valor añadido. Así es como se consiguen salarios más altos, una mayor productividad y una presencia internacional que no dependa únicamente de las ventajas de costes que Portugal puede ofrecer.
El ámbito de la defensa es hoy uno de los ejemplos más evidentes de esta oportunidad. Europa ha entrado en un ciclo de inversión que difícilmente será efímero, y una parte importante de esta inversión se destinará a la tecnología, la inteligencia artificial, la robótica, los sistemas autónomos, la ciberseguridad, las comunicaciones y el análisis de datos. Muchas de estas tecnologías también tienen aplicaciones civiles y pueden crear nuevas industrias mucho más allá del sector militar. Portugal cuenta con empresas, universidades, ingenieros y emprendedores con capacidad para participar en este mercado. REPMUS demuestra precisamente esto, al permitir que la tecnología portuguesa se pruebe en condiciones operativas y en contacto directo con algunas de las principales marinas y organizaciones internacionales.
Pero quizá el mensaje más importante de esta noticia sea otro. Estos ejemplos deben multiplicarse. Portugal cuenta con una comunidad empresarial mucho más talentosa e internacionalizada de lo que a veces reconocemos, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. El reto consiste en crear las condiciones para que más empresas crezcan, prueben productos, encuentren clientes internacionales, obtengan capital y mantengan el vínculo con el país a medida que ganan tamaño.
El futuro de la economía portuguesa no lo construirá una sola gran empresa ni un solo sector. Se construirá cuando tengamos cientos de empresas capaces de hacer lo que ya están haciendo: transformar el conocimiento portugués en tecnología, productos y servicios demandados a nivel internacional. Ver a 25 empresas nacionales participando en uno de los mayores ejercicios del mundo en materia de experimentación con sistemas no tripulados es, por lo tanto, mucho más que una buena noticia para la Defensa. Es una excelente noticia para Portugal.








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