Asistí a la charla de Barack Obama en el Game Changers Forum de Lisboa, donde el expresidente de Estados Unidos reflexionó sobre las fuerzas que están transformando la sociedad y las cualidades que necesitarán los líderes para hacer frente a ellas.

Su mensaje fue claro: la tecnología está cambiando más rápido de lo que nuestras instituciones pueden seguir el ritmo, pero la velocidad y la eficiencia por sí solas no pueden dar respuesta a las cuestiones más importantes. A medida que la inteligencia artificial gane en capacidades, las sociedades tendrán que reforzar los valores humanos y los sistemas democráticos que rigen su uso.

La IA avanza más rápido que las instituciones

Obama advirtió de que los efectos económicos de la inteligencia artificial podrían llegar a ser profundos en los próximos cinco a diez años. Al igual que la automatización cambió el trabajo en las fábricas, la IA podría transformar profesiones basadas en el conocimiento, como el derecho, la contabilidad y la medicina.

El ritmo del progreso es sorprendente. Tecnologías que antes parecían lejanas —desde los inicios de las redes sociales hasta la llegada del smartphone— pasaron a formar parte de la vida cotidiana en un tiempo extraordinariamente breve. La IA avanza aún más rápido, mientras que los gobiernos y los sistemas reguladores tienden a moverse con lentitud.

Esa brecha genera riesgos. La IA avanzada podría utilizarse para atacar instituciones financieras y otros sistemas críticos, mientras que la ausencia de salvaguardias claras deja a la sociedad expuesta. Obama argumentó que los gobiernos deben establecer normas responsables y coordinarse a nivel internacional. Esto resultará difícil, sobre todo entre Estados Unidos y China, donde la competencia estratégica y la desconfianza mutua complican la cooperación.

Para Obama, sin embargo, la regulación no es la única cuestión. La IA puede ser una herramienta poderosa, pero no debería tener la última palabra en decisiones que afecten a vidas humanas, a la guerra o a las armas nucleares. Esas decisiones requieren un juicio sobre las consecuencias, los valores y la responsabilidad, y no simplemente el cálculo del resultado más eficiente.

El trabajo humano que la tecnología no puede sustituir

Obama instó a la gente a prestar más atención a las cualidades que siguen siendo claramente humanas: el cuidado, la enseñanza, la empatía y el criterio.

La IA puede ayudar a un profesor a comprender lo que está aprendiendo un alumno, o a un médico a analizar información. Pero la enseñanza es más que transmitir conocimientos, y la asistencia sanitaria es más que diagnosticar enfermedades. Un alumno puede necesitar ánimos y un paciente puede necesitar que se le tranquilice: formas de atención que no pueden reducirse únicamente a la información.

También destacó cómo la sociedad ha infravalorado históricamente las profesiones asistenciales, muchas de las cuales han sido desempeñadas predominantemente por mujeres. A medida que la tecnología transforma el trabajo, esto debería dar lugar a un debate más amplio sobre qué contribuciones valoramos y cómo las recompensamos.

La educación, sugirió, también debe ir más allá de los conocimientos técnicos. La ética, la historia y el aprecio por otras culturas ayudan a las personas a dar sentido a situaciones complejas. Una educación limitada puede generar soluciones limitadas; una comprensión más amplia de las personas y las sociedades puede ayudar a dar forma a una tecnología que satisfaga las necesidades humanas.

Créditos: Imagen facilitada; Autor: Maj Tellefsen;

La democracia depende de que las personas se sientan escuchadas

Obama describió la democracia como un logro frágil: la idea de que las personas son iguales y deben tener voz en las decisiones que afectan a sus vidas. En tiempos de incertidumbre y tensión, esa idea puede verse sometida a presión. Las personas pueden refugiarse en lealtades tribales, el racismo, la división religiosa o la nostalgia por una versión supuestamente más «real» y exclusiva de su país.

Sostuvo que los líderes deben ayudar a la gente a comprender que el éxito de otra persona no supone una amenaza para el suyo propio. Una sociedad es más fuerte cuando las personas creen que sus hijos pueden tener oportunidades, al tiempo que reconocen la dignidad y la humanidad de sus vecinos.

Para ello se necesitan instituciones que funcionen. Obama elogió la contribución de la Unión Europea a la paz y la prosperidad, al tiempo que reconoció que muchas personas están preocupadas por el empleo, la vivienda y su futuro económico. Cuando los gobiernos democráticos parecen lentos o excesivamente burocráticos, los líderes autoritarios pueden resultar atractivos porque prometen resultados rápidos y afirman que pueden saltarse las normas. El reto, sugirió, consiste en hacer que las instituciones democráticas sean más receptivas sin abandonar los principios democráticos.

El cambio comienza en las comunidades

A lo largo de la conversación, Obama volvió a insistir en la importancia de la participación. Los grandes movimientos en favor de la libertad y la igualdad no surgieron simplemente porque quienes ostentaban el poder decidieran conceder el cambio. Crecieron porque la gente corriente alzó la voz, se organizó y lo exigió.

Esa labor puede comenzar a nivel local: en una escuela, un lugar de trabajo, un sindicato, un barrio o un grupo comunitario. Cuando las personas tienen oportunidades significativas de participar, es más probable que sientan que pueden influir en lo que ocurre a su alrededor.

Obama recordó cómo, en la Casa Blanca, animaba a los miembros más jóvenes del personal a compartir sus opiniones en las reuniones. Con el tiempo, escucharles se convirtió en parte de la cultura. La idea no era simplemente invitar a los jóvenes a la sala, sino demostrar que sus aportaciones importaban y construir relaciones basadas en la confianza.

También cuestionó la idea de que una acción significativa deba esperar a que haya un plan perfecto o a que las personas con más experiencia tomen la iniciativa. La política, observó, sigue estando formada por personas, y estas suelen aprender sobre la marcha. La experiencia y los conocimientos especializados son importantes, pero no deben impedir que otros contribuyan.

Un reto práctico para todos

El mensaje final de Obama fue tanto personal como político: cada uno de nosotros tiene cierta influencia, ya sea entre amigos y familiares, en el trabajo o en nuestra comunidad. El punto de partida es preguntarnos qué queremos cambiar y qué podemos hacer ahora —no necesariamente solos, sino junto a otros—.

En un mundo cada vez más marcado por la tecnología, ese tipo de conexión humana puede ser más importante que nunca. El progreso no es solo una cuestión de crear sistemas más rápidos. También se trata de garantizar que las personas tengan voz, que las decisiones reflejen los valores humanos y que las comunidades ofrezcan a las personas una oportunidad real de forjar su futuro.

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