La inteligencia artificial ya no se limita a revolucionar el software. Está transformando la infraestructura física que sustenta la economía digital y creando nuevas oportunidades para inversores, desarrolladores y propietarios de terrenos. A medida que surge una nueva generación de proveedores de servicios en la nube, las reglas que rigen la inversión en centros de datos están empezando a cambiar.

Durante más de una década, el mercado de los centros de datos ha estado impulsado por un grupo relativamente reducido de gigantes tecnológicos. Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud —los denominados «hiperescaladores»— han definido la escala del sector, buscando emplazamientos de gran tamaño con acceso a cientos de megavatios de potencia para dar soporte a una infraestructura digital a gran escala.

Ese modelo sigue siendo esencial. Sin embargo, la rápida expansión de la inteligencia artificial está creando un nuevo nivel de demanda, que podría redefinir significativamente la forma en que se valoran los activos de infraestructura digital.

Presentamos los «neoclouds»

A diferencia de los hiperescaladores tradicionales, los proveedores de «neoclouds» se centran casi exclusivamente en ofrecer computación de alto rendimiento para cargas de trabajo de IA a través de modelos de «GPU como servicio». En lugar de invertir en hardware costoso y gestionar su propia infraestructura, las empresas pueden acceder a la capacidad de GPU que necesitan a través de proveedores especializados, lo que les permite escalar sus proyectos de IA de forma más rápida y eficiente.

El momento no es una coincidencia. La demanda de capacidad de computación para la IA está creciendo mucho más rápido de lo que se tarda en poner en marcha nuevas infraestructuras. Empresas de todos los sectores, instituciones de investigación y empresas tecnológicas están acelerando la adopción de la IA, pero muchas no pueden permitirse esperar años a que los nuevos campus hiperescalables entren en funcionamiento.

Las previsiones del sector ponen de relieve la magnitud de esta transformación. Gartner estima que los proveedores de «neocloud» podrían representar alrededor del 20 % del mercado mundial de infraestructura de IA en la nube para 2030, lo que supone un mercado valorado en aproximadamente 267 000 millones de dólares. La consultora también prevé que, para 2029, las cargas de trabajo de IA consumirán alrededor de la mitad de la capacidad mundial de computación en la nube, frente a menos del 10 % en la actualidad.

Estas cifras apuntan a algo más que una evolución tecnológica. Señalan un cambio estructural en la infraestructura digital. Sin embargo, quizá la consecuencia más significativa vaya más allá de la propia tecnología.

Durante años, el desarrollo de los centros de datos se ha centrado en gran medida en proyectos a hiperescala que requieren más de 100 megavatios de potencia disponible. Estos proyectos seguirán desempeñando un papel fundamental. Sin embargo, en toda Europa, conseguir grandes asignaciones de energía, sortear los largos procesos de obtención de permisos e identificar terrenos adecuados se ha convertido en un reto cada vez mayor.

Cómo los «neoclouds» están cambiando las reglas del juego

Los operadores especializados en IA suelen requerir una capacidad considerablemente menor que los campus a hiperescala. Como resultado, emplazamientos que antes podrían haber pasado desapercibidos están adquiriendo viabilidad comercial. Los terrenos con acceso a 30, 50 u 80 megavatios de potencia —siempre que también ofrezcan una buena conectividad, acceso a la red eléctrica, seguridad urbanística y proximidad a las principales redes digitales— pueden representar ahora oportunidades atractivas. En otras palabras, la inteligencia artificial está cambiando la forma en que se valoran los activos de infraestructura digital.

La ubicación sigue siendo importante, pero cada vez cobra más relevancia otros factores críticos: el acceso inmediato a la energía eléctrica, la conectividad de red, el potencial de expansión, la proximidad a centros de intercambio de tráfico y, quizás lo más importante, la rapidez de ejecución.

Esta tendencia también genera oportunidades para países como Portugal. Su ubicación en el Atlántico, su creciente red de cables submarinos internacionales y su conectividad digital en expansión sitúan al país en una posición favorable dentro del panorama de la infraestructura digital europea. Aunque Portugal quizá no siempre ofrezca la enorme capacidad energética que requiere todo proyecto a hiperescala, sí cuenta con muchos emplazamientos capaces de albergar la próxima generación de infraestructura especializada en IA.

Eso no significa que cualquier parcela de terreno con suministro eléctrico disponible sea adecuada para un centro de datos. Se trata de proyectos muy complejos que requieren conocimientos técnicos especializados, seguridad normativa, disponibilidad de la red eléctrica y socios con experiencia.

¿Qué implica esta demanda para los inversores?

Para los inversores, promotores y propietarios de terrenos, esto exige una forma diferente de evaluar las oportunidades. El futuro de la infraestructura digital no vendrá determinado únicamente por las empresas hiperescalables. Está surgiendo una nueva generación de operadores centrados en la IA, que aportan requisitos diferentes, una toma de decisiones más rápida y un enfoque más flexible a la hora de seleccionar emplazamientos.

A medida que la inteligencia artificial sigue avanzando a un ritmo acelerado, la competitividad de un activo puede depender menos de su tamaño y más de la combinación de la energía disponible, la conectividad, la preparación urbanística y la capacidad de responder rápidamente a la demanda del mercado.

Los «neoclouds» son solo una manifestación de esta transformación. Pero también ofrecen un primer indicio de cómo es probable que evolucione la próxima generación de inversiones en centros de datos, y de las nuevas oportunidades que esperan ser reconocidas por aquellos dispuestos a mirar más allá del modelo tradicional de hiperescala.

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