Los cambios podrían modificar la forma en que se gestionan los hospitales, cómo se contrata al personal y quién toma algunas de las decisiones más importantes que afectan a la asistencia sanitaria en Portugal.
Según informa Público, el Gobierno está dando los últimos retoques a la reforma, aunque aún quedan por decidir varios detalles.
Uno de los cambios más importantes supondría la fusión de dos organismos que actualmente comparten la responsabilidad de gestionar el SNS.
La Dirección Ejecutiva del SNS, que supervisa la coordinación de los servicios sanitarios públicos, se fusionaría con la Administración Central del Sistema Sanitario (ACSS), que se encarga de gran parte de los aspectos financieros y administrativos.
También podría integrarse en la nueva organización parte de los Servicios Compartidos del Ministerio de Sanidad (SPMS), lo que permitiría a los SPMS centrarse más en los servicios digitales.
La idea es reducir el número de organismos independientes que intervienen en las decisiones que deben tomar los hospitales y los centros de salud.
En la actualidad, algo tan sencillo como contratar a un médico puede requerir la aprobación de varias organizaciones diferentes, entre las que a veces se incluye el Ministerio de Hacienda.
Para los hospitales que ya se enfrentan a una escasez de personal, esto puede suponer retrasos adicionales.
Una nueva agencia de salud pública
El Gobierno también tiene previsto fusionar la Dirección General de Salud (DGS) con el Instituto Nacional de Salud Dr. Ricardo Jorge (INSA).
Juntos, formarían una nueva agencia nacional de salud pública.
La DGS se encarga de la orientación en materia de salud pública y del seguimiento de los riesgos sanitarios, mientras que el Instituto Ricardo Jorge lleva a cabo investigación científica, trabajo de laboratorio y vigilancia de enfermedades.
La fusión de ambas entidades podría cambiar la forma en que Portugal se prepara para las emergencias sanitarias y coordina los programas de salud pública.
Sin embargo, existe preocupación por lo que la fusión podría suponer para la independencia científica del Instituto Ricardo Jorge.
Aún no se han dado a conocer los detalles sobre el funcionamiento de la nueva agencia ni sobre cómo se protegerían sus funciones de investigación.
La dirección del SNS también podría cambiar
La reestructuración podría suponer la salida anticipada de Álvaro Almeida, actual director ejecutivo del SNS.
Su mandato no finaliza hasta febrero de 2028, pero Público informa de que su nombre no figura entre los que se barajan para dirigir la organización que sustituiría a la actual Dirección Ejecutiva.
Al parecer, la relación entre Almeida y la ministra de Sanidad, Ana Paula Martins, se ha vuelto tensa tras los desacuerdos sobre la gestión hospitalaria y las decisiones administrativas.
Se han mencionado dos posibles sucesores.
Según se informa, se está barajando la candidatura de Nuno Reis, un antiguo diputado del PSD que ahora dirige la Santa Casa da Misericórdia de Barcelos, junto con la de Carlos Martins, presidente de la Unidad Local de Salud de Santa María y antiguo secretario de Estado de Sanidad.
Ninguno de los dos nombramientos ha sido confirmado.
¿Notarán los pacientes alguna diferencia?
Para las personas que utilizan el servicio público de salud de Portugal, el impacto inmediato puede ser limitado.
Las propuestas se refieren a las organizaciones que gestionan el SNS, más que a cambios en los derechos sanitarios actuales de los pacientes.
Sin embargo, el funcionamiento de esas organizaciones puede tener consecuencias en los servicios cotidianos, sobre todo cuando los hospitales necesitan contratar personal, aprobar gastos o tomar decisiones operativas.
El presidente de la Asociación Médica Portuguesa, Carlos Cortes, ha reconocido que existen problemas con el sistema actual, aunque quiere ver las propuestas definitivas antes de pronunciarse.
Xavier Barreto, presidente de la Asociación Portuguesa de Administradores Hospitalarios, también ha expresado su apoyo a una mejor coordinación, al tiempo que advierte de que la mera fusión de organizaciones servirá de poco a menos que los nuevos organismos cuenten con responsabilidades claras y auténticas competencias decisorias.
En un principio se esperaba que la reforma se presentara en julio, pero se pospuso hasta septiembre.
No se cumplió ninguno de los dos plazos.
El Gobierno afirma ahora que pronto se hará un anuncio, pero la estructura definitiva, los nombramientos de los cargos directivos y el calendario para poner en práctica los cambios siguen sin decidirse.
Para los pacientes y los profesionales sanitarios, la cuestión importante será si una reducción de los niveles administrativos facilitará realmente el trabajo de los hospitales y los centros de salud.









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