Se trata de prioridades importantes, sobre todo en un país que se enfrenta a dificultades para acceder a la vivienda. Sin embargo, existe una oportunidad que, en mi opinión, no se valora lo suficiente: aprovechar mejor los edificios y los espacios urbanos que ya existen. Portugal cuenta con un parque inmobiliario envejecido, inmuebles desocupados, antiguas instalaciones industriales y espacios comerciales que ya no satisfacen las necesidades actuales. Su recuperación y reconversión pueden suponer una oportunidad no solo para el sector inmobiliario, sino también para el desarrollo económico de las ciudades.

La regeneración urbana no debe entenderse exclusivamente como la rehabilitación física de los edificios. Su verdadero potencial reside en su capacidad para transformar zonas que han perdido población, actividad económica o relevancia urbana en nuevos espacios atractivos para vivir, trabajar e invertir. Una antigua instalación industrial puede albergar empresas, servicios o actividades culturales. Un edificio de oficinas que no se adapta a las necesidades actuales puede, cuando sea técnicamente viable, adaptarse a nuevos usos. Estas transformaciones permiten aprovechar la infraestructura existente, reducir la presión sobre nuevos terrenos y crear oportunidades de inversión en zonas que ya cuentan con accesibilidad, equipamientos y servicios.

También existe una dimensión económica que merece mayor atención. La recuperación de edificios puede impulsar a las empresas de construcción, arquitectura, ingeniería y servicios especializados, pero sus beneficios pueden ir mucho más allá de la fase de construcción. Cuando un espacio desocupado vuelve a utilizarse, puede generar demanda para el comercio local, atraer nuevas actividades y contribuir a recuperar la vitalidad de una calle o un barrio. Sin embargo, no todas las reconversiones son viables desde el punto de vista financiero. Los costes de adaptación, las características estructurales de los inmuebles y los requisitos normativos pueden limitar determinados proyectos. Por lo tanto, la regeneración urbana requiere conocimiento del mercado, planificación y la capacidad de encontrar usos económicamente sostenibles.

Los ayuntamientos desempeñan un papel decisivo en este sentido. La planificación urbana debe identificar los edificios y las zonas con mayor potencial de transformación, facilitar la articulación entre propietarios e inversores y garantizar que los nuevos proyectos respondan a las necesidades del territorio. También es importante evitar que la revalorización inmobiliaria derivada de la regeneración provoque el desplazamiento de los residentes y de las actividades económicas existentes. La creación de ciudades más equilibradas requiere diversidad de usos, vivienda asequible, espacios públicos de calidad y condiciones propicias para diferentes tipos de empresas. La tecnología y los nuevos modelos de trabajo pueden ayudar a desarrollar espacios más flexibles, pero la calidad urbana sigue dependiendo de cómo las personas utilizan y comparten la ciudad.

Portugal debe seguir construyendo nuevas viviendas e infraestructuras, pero no puede ignorar el potencial económico del patrimonio con el que ya cuenta. La regeneración urbana puede contribuir a reducir el despilfarro, a aprovechar mejor las inversiones públicas realizadas a lo largo de décadas y a crear nuevas oportunidades para el sector privado. El éxito de esta transformación no debe medirse únicamente por el número de edificios restaurados o por el aumento de su valor comercial, sino también por la actividad económica generada, los servicios disponibles y la calidad de vida que se ofrece. El futuro de las ciudades portuguesas no depende exclusivamente de lo que aún vayamos a construir. También depende de la inteligencia con la que seamos capaces de transformar lo que ya hemos construido.

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