«Cada año que se retrasa la intervención hace que el problema resulte más costoso, más difícil y prácticamente imposible de detener», advirtió Hélia Marchante, profesora de la Escuela Superior de Agricultura de la Universidad Politécnica de Coimbra y especialista en plantas invasoras, en un comunicado de prensa enviado a la agencia de noticias Lusa.
Planta identificada
Según la profesora e investigadora, un estudio realizado en 2025 sobre la distribución de las plantas invasoras en Portugal continental identificó la planta, cuyo nombre científico es «Cortaderia selloana», en 208 municipios — «pero es posible que se encuentre en más»—, lo que la sitúa entre las diez plantas invasoras con mayor distribución en el país.
«No nos enfrentamos a una amenaza futura. La invasión ya está en marcha. Y avanza rápidamente. El problema no es la falta de conocimiento. Es la falta de acción a la escala necesaria. Portugal sabe desde hace años que la Cortaderia selloana es una especie invasora», subrayó.
La planta en cuestión es conocida por sus vistosas plumas y se ve con frecuencia en los arcenes de las carreteras, en zonas costeras y en las riberas de los ríos, pero también en propiedades privadas —«plantada en jardines y en macetas»— o en parques y espacios públicos propiedad de ayuntamientos, juntas parroquiales y otras entidades.
Legislación portuguesa
Según la nota, un decreto-ley de 2019 (de hace siete años) estableció el régimen nacional para la prevención y gestión de especies exóticas invasoras, incluyendo «expresamente a la Cortaderia selloana en la Lista Nacional de Especies Invasoras».
«La legislación prohíbe, entre otras cosas, su posesión, cultivo, comercio, transporte y uso como planta ornamental, y establece la adopción de medidas de gestión adecuadas. Y lo que es más importante, la propia legislación establece una lógica inequívoca: prevenir, detectar a tiempo y actuar con rapidez», subrayó Hélia Marchante.
Citando varios artículos de esta legislación, la científica y responsable del proyecto «LIFE COOP Cortaderia» de la Escuela Superior de Agricultura de Coimbra —en el que participan instituciones de Portugal, España y Francia en la lucha contra esta especie invasora —afirmó que se prevé un sistema de vigilancia, así como la comunicación inmediata de nuevas apariciones, y que las plantas invasoras en el territorio nacional «deben ser objeto de planes de acción para su control, contención o erradicación, con prioridades definidas en función de la gravedad de la amenaza y la dificultad de la intervención».
«El Instituto de Conservación de la Naturaleza y los Bosques (ICNF) tiene prácticamente listo el plan de acción para el control de la cortaderia, pero su publicación y, lo que es más importante, su aplicación, se resisten obstinadamente a producirse», denunció Hélia Marchante. «La ciencia dice que hay que actuar pronto. La legislación dice que hay que actuar. La experiencia internacional demuestra que esperar lo empeora todo. Entonces, ¿por qué seguimos viendo cómo se expande la cortaderia? (…) Cada planta a la que se le permite producir semillas es una fábrica de nuevas invasiones».
Problema de salud ambiental
Otros estudios advierten de que la especie podría suponer un problema de salud ambiental, con posibles repercusiones para la salud humana, dada la naturaleza alergénica de su polen.
Por otra parte, debido a su floración tardía, una especie exótica como la cortaderia, procedente de Sudamérica, podría crear, especialmente en las regiones mediterráneas, una segunda temporada de exposición al polen en otoño, «con implicaciones para la salud pública».
Además de a las entidades públicas, a las que solicitan una intervención coordinada —desde la administración central hasta los ayuntamientos o los gestores de espacios protegidos, entre otros—, los investigadores de la Universidad Agraria de Coimbra reconocen el «papel fundamental» de los ciudadanos a la hora de identificar la especie y de impedir su uso y propagación, «controlándola en sus jardines y terrenos y notificando nuevas apariciones».
«Y se necesita un cambio de paradigma: no podemos seguir interviniendo únicamente donde y cuando la plaga ya se ha extendido. Tenemos que detectar y eliminar los nuevos focos antes de que se conviertan en brotes importantes», argumentó la institución.








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