Tras ordenarse sacerdote en 1833, se dedicó a la enseñanza.

Lo que le hizo verdaderamente excepcional fue su amor por los presos. Pasó innumerables horas visitando cárceles, consolando a los reclusos y preparando a los condenados a muerte para que se encontraran con Dios con esperanza y paz. Por ello, la gente le llamaba cariñosamente «el sacerdote de la horca».

San José Cafasso también desempeñó un papel crucial en la vida de San Juan Bosco. Guiaba y animaba la misión de Don Bosco de ayudar a los niños pobres y abandonados.

San José Cafasso vivió una vida de profunda fe y servicio desinteresado hasta su muerte, acaecida el 23 de junio de 1860 en Turín, Italia. Posteriormente fue canonizado y hoy se le venera como patrón de los presos, los capellanes de prisiones, los cautivos y todos aquellos que se encuentran encarcelados.