En declaraciones a Lusa, Andreia Galvão, directora del Convento de Cristo, afirmó que «la vida de un monumento no termina con el PRR», y destacó la mejora y conservación continuadas del Convento, así como la importancia de «revitalizar el espacio restaurado» con nuevos proyectos tras las obras.
El Convento de Cristo, monumento declarado Patrimonio de la Humanidad situado en Tomar, en el distrito de Santarém, recibió inicialmente 5,2 millones de euros del Plan de Recuperación y Resiliencia (PRR), destinados a los claustros y a la rehabilitación del Palacio de Henrique, la Alcáçova/Castillo y el jardín.
Según Andreia Galvão, los claustros de Santa Bárbara, D. João III y Lavagem deberían estar «totalmente disponibles» en el recorrido para visitantes a finales de este mes, mientras que está previsto que las obras en el Terreiro de Armas concluyan en octubre.
La directora explicó que la última reunión sobre las obras tuvo lugar el 31 de agosto y que se están ultimando los trámites, realizándose los ajustes finales en los trabajos ejecutados dentro del plazo del PRR.
No obstante, las obras continúan, incluso en el Pátio da Botica, que, según Andreia Galvão, «queda fuera del plazo del PRR», y se estima que las intervenciones en curso estarán terminadas a finales de año.
El presidente de Patrimonio Cultural, João Soalheiro, explicó a Lusa que el programa inicialmente previsto tuvo que modificarse durante la ejecución, sobre todo en el Paço Henriquino.
«Nos propusimos crear un itinerario específico que tuvimos que corregir a mitad de camino», afirmó, indicando que un proyecto puesto en marcha para el Paço Henriquino, por un valor de unos cuatro millones de euros, tuvo que «acortarse».
Según Soalheiro, algunas de las soluciones previstas resultaron incompatibles con las características patrimoniales identificadas entretanto.
«En un momento dado nos dimos cuenta de que, si seguíamos adelante con el proyecto adjudicado, destruiríamos el patrimonio», señaló, subrayando que esto no se debió a un mal diseño del proyecto, sino a un conocimiento «superficial» en aquel momento de las características del monumento, debido, sobre todo, a la ausencia de una intervención arqueológica.








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