Portugal está repleto de patrimonio con un potencial económico sin explotar: edificios públicos en desuso, antiguas instalaciones industriales, conventos, estaciones, fincas rurales, inmuebles degradados en los centros urbanos y otros activos que han perdido la función para la que fueron construidos originalmente. El problema es que un edificio puede existir físicamente y, desde el punto de vista económico, ser prácticamente inexistente.
Un inmueble vacío no ofrece vivienda, no acoge a empresas, no genera actividad turística, no crea empleo y, a menudo, sigue deteriorándose. Se trata de capital fijo, y esta cuestión cobra especial relevancia cuando analizamos el futuro del turismo portugués. La OCDE sostiene que la próxima estrategia del sector debería buscar una mayor creación de valor, productividad, cohesión territorial y competitividad empresarial, en lugar de depender únicamente del crecimiento del número de visitantes. La transformación del patrimonio existente puede formar parte de esta estrategia.
Portugal ya lo ha demostrado a través del programa REVIVE, que busca dar nuevos usos turísticos al patrimonio público mediante la inversión privada. Curiosamente, el modelo portugués inspiró REVIVE Brasil, destacado por la propia OCDE como una iniciativa para reutilizar bienes públicos de interés histórico, cultural y arquitectónico mediante concesiones para hoteles, restaurantes, instalaciones culturales y otros proyectos turísticos. Quizá deberíamos considerar este ejemplo no solo como política turística, sino como política económica.
La misma lógica puede aplicarse mucho más allá de los hoteles. Un edificio obsoleto puede convertirse en vivienda; un antiguo local comercial puede adquirir un nuevo uso; el patrimonio industrial puede albergar empresas, cultura o turismo; y los edificios públicos sin función pueden volver a participar en la economía. Otro estudio europeo que hemos analizado sitúa precisamente la reutilización del parque inmobiliario existente en el centro de la respuesta a las necesidades futuras: redimensionar, recuperar, reconvertir, renovar y ampliar antes de recurrir, siempre que sea posible, a la nueva construcción.
Esto no significa que Portugal pueda resolver sus necesidades inmobiliarias únicamente mediante la reconversión. No puede. Seguiremos necesitando nuevas construcciones, sobre todo en materia de vivienda. Pero hay una diferencia entre un país que ve un edificio vacío como un problema y otro que lo ve como un activo a la espera de una nueva función.
Para ello, debemos conocer mejor el parque inmobiliario existente, acelerar los cambios de uso cuando tengan sentido, simplificar los procesos de reconversión y crear las condiciones para que la inversión privada recupere activos económicamente viables. Durante décadas, la promoción inmobiliaria ha significado principalmente construir; en las próximas décadas, una parte cada vez más importante podría significar, precisamente, transformar.
Portugal necesita activos inmobiliarios más productivos, y es posible que algunos de ellos ya estén construidos.









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