La norma europea establece criterios específicos y objetivos para justificar cualquier posible restricción en el mercado inmobiliario y en los alquileres a corto plazo, centrándose en la relación entre los costes de la vivienda y los ingresos de los hogares, la evolución histórica de este indicador y la dinámica de la oferta y la demanda.

Según el criterio europeo, una zona geográfica se considera bajo presión cuando la relación entre el precio medio de compra de una vivienda de tamaño medio y la renta neta disponible anual per cápita es igual o superior a 8.

Según los datos más recientes, 161 de los 308 municipios de Portugal, lo que supone más del 53 % de la superficie total del país, alcanzan o superan este umbral. La gravedad de la situación queda patente también por el hecho de que alrededor del 40 % de los municipios (121) presentan una relación superior a 10, lo que indica un deterioro general de la asequibilidad de la vivienda.

La propuesta presentada por Bruselas permite identificar las zonas en situación de tensión a distintos niveles, desde las parroquias civiles y los municipios hasta las áreas metropolitanas o los centros turísticos, con la condición de que las restricciones impuestas sean estrictamente proporcionales y vayan acompañadas de medidas activas destinadas a aumentar la oferta de vivienda; las directrices de la UE se oponen a las prohibiciones generales y subrayan que los límites cuantitativos o las normas temporales relativas a los alquileres a corto plazo no abordan los problemas subyacentes de la escasez de vivienda.

La información procede de un análisis publicado en el periódico Público.