Un nuevo estudio de la Unidad de Análisis del Comportamiento de la Escuela de Negocios y Economía de la Católica de Lisboa, realizado en colaboración con Bolt, revela que solo el 27 % de los residentes portugueses de entre 18 y 29 años asocian el hecho de tener un coche con la independencia.
La investigación, que encuestó a 1.000 personas de todo Portugal en junio, apunta a un cambio de actitud hacia la propiedad de un coche entre la Generación Z.
En lugar de sentirse orgullosos de tener su propio vehículo, el 38 % de los encuestados afirmó que la estabilidad económica era un indicador más importante de libertad, mientras que más de cuatro de cada diez también preferirían tener acceso a varias opciones de transporte (41 %).
Alrededor del 56 % también afirmó que disponer de una forma cómoda de desplazarse es más importante para ellos que ser propietarios de un vehículo.
Carga económica
El coste de mantener un coche parece ser la principal razón por la que los jóvenes se muestran reacios a comprarlo.
Casi ocho de cada diez encuestados (el 78 %) mencionaron los gastos que conlleva ser propietario de un coche como principal factor disuasorio, incluyendo el precio de compra inicial, así como el combustible, el seguro y el mantenimiento.
Otras preocupaciones prácticas también influyen en las actitudes, como la dificultad para encontrar aparcamiento, mencionada por el 43 % de los encuestados, mientras que el 27 % señaló las preocupaciones medioambientales.
João Pedro Paz, director de proyectos de la Unidad de Análisis del Comportamiento de la Católica de Lisboa, afirmó que los resultados reflejan un cambio en la forma en que los jóvenes conciben la movilidad.
«Tener un coche sigue siendo una aspiración para muchos», señaló, pero añadió que los jóvenes valoran cada vez más la comodidad, la flexibilidad y el acceso a diferentes opciones de transporte sin tener que asumir la carga económica que supone ser propietario de un vehículo.
Transporte alternativo
A pesar de la creciente disponibilidad de servicios de transporte a demanda y otros servicios de movilidad compartida, las opciones cotidianas más habituales siguen siendo relativamente sencillas.
El 61 % de los encuestados camina a diario, mientras que la mitad afirma utilizar el transporte público a diario.
Los servicios de transporte a demanda, como Bolt, se utilizan principalmente para cubrir carencias, más que para sustituir a esas opciones, y alrededor del 24 % de los encuestados utiliza plataformas de transporte a demanda cada semana, sobre todo cuando se desplaza por la noche o cuando no hay transporte público disponible.
A la hora de decidir cómo desplazarse, la comodidad ocupa el primer lugar, mencionada por el 60 % de los jóvenes.
Además, la posibilidad de desplazarse a cualquier hora ocupa el segundo lugar, con un 55 %, mientras que la rapidez es importante para el 50 %.
Movilidad compartida
El estudio también sugiere que el acceso al transporte compartido está empezando a influir en la percepción que tienen los jóvenes de si realmente necesitan un vehículo privado.
Casi dos tercios de los encuestados (el 62 %) afirmaron que los servicios que ofrecen movilidad compartida o bajo demanda reducen su necesidad de comprar un coche.
Para Mário de Morais, director general de Bolt Portugal, los resultados tienen implicaciones que van más allá de las decisiones individuales de los consumidores, y sostiene que los responsables políticos que planifican el futuro del transporte urbano deberían tenerlos en cuenta.
Según Morais, el mensaje subyacente es que la independencia no requiere necesariamente ser propietario de un coche, pero los jóvenes quieren un transporte que sea asequible, fiable y flexible.
También señala que una mayor integración entre el transporte público y la movilidad compartida podría ser una forma de ofrecer una alternativa creíble a los coches particulares.
El concepto de independencia
Estos resultados sugieren que la generación más joven de Portugal no está necesariamente dando la espalda por completo a los coches.
Sin embargo, cada vez está menos convencida de que tener uno propio deba ser un requisito previo para una vida adulta independiente.
Para la Generación Z, la libertad puede significar cada vez más poder elegir la forma más práctica de desplazarse para un trayecto concreto, ya sea a pie, en transporte público o reservando un servicio de transporte.
Este resultado podría traducirse en un enfoque más mixto de la movilidad, en el que los coches particulares coexistan con el transporte público y los servicios compartidos, en lugar de ocupar una posición tan dominante.








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